De Saramago a Bosch

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fcAunque Juan Bosch no llego a la irreverencia de Saramago ni tampoco fue excomulgado, hay plano socio-literario y político-ideológico que los aproxima, en lo que fue su militancia política-social, a una axiología de la negación a la falta de autenticidad y doblez ética-doctrinaria. Porque, ¿quién puso en duda la acérrima liberalidad -consciente y corajuda- con la que ambos abordaron-asumieron la cosmovisión de este mundo en caos y crisis?

Quizá hay un texto -de Saramago- que podría ser el mejor homenaje a su aniversario 107, y se me ocurre: su Ensayo sobre la ceguera, porque en ese laberintico ensayo-novela hay toda una metáfora de lo que es, por extrapolación, la política y sus intríngulis (con su componente de maldad y ambición): un recurrente estadio de ceguera que, a veces es premeditada y otras, como en el libro, repentina; pero jamás inocente.

Aunque, lógicamente, el texto de Saramago es un grito denunciador de lo desalmado y extremoso en que suele diluirse la condición humana y de lo desapego ético-moral con que asumimos el diario vivir y lo que ello, según los cánones de fe, creencia o de simple civilidad, debería implicar: amor al prójimo, piedad y solidaridad. Pero no, la vida y el mundo, en el texto de Saramago; pero más que en ello, en la cruda realidad, se nos proyecta como lo que es: un escabroso laberinto de oportunismo, maldad y algunas que otras acciones humanas que procuran la convivencia y el bien común.

¿Habría imaginado Bosch tanta ceguera y olvido?

Es difícil contestar una interrogante tan escabrosa y fulminante, pues no olvidemos que precisamente fue Juan Bosch el arquitecto y cultor de una pedagogía política cuyos presupuestos filosóficos-epistemológicos partían, tanto para el ejercicio de la política como para el estudio de la sociedad, de premisas científicas-metodológicas y de su correlato de estudio, análisis e investigación para luego producir, en su caso, ensayos socio-históricos, métodos para el trabajo político y lecciones de sociología política para la acción política. Es decir que, en el caso de Bosch, hubiese sido casi imposible concebir o plantearse semejante ceguera en el esquema-diseño de partido político que él concibió y construyó con apego a lo ético-doctrinario.

Pero, ¿de qué ceguera hablamos?

Hablamos, por supuesto de la ceguera que arropa a nuestra clase política –con sus contadas excepciones (¡que las hay!), su dosis de: “entren to’ coño”, la segunda del Querido, el redentor de Juan Hubieres, tigueraje-delincuencia, nepotismo al pecho y el diputado “armao, bebío y con cuarto…”- que no es capaz, siquiera, de enterarse de que la gente –no ya los zombis y domesticados militantes de los partidos políticos-, ante la impotencia de subvertir las reglas políticas-electorales que legitiman al sistema actual de partidos políticos, han optado por hacerle el juego, cobrarle o cogerle de lo que ofrecen, y todavía más, verlos y petrificarlos en sus goces de poder, de derroches y de fanfarronerías, eso sí –y es lo que creo-, con el dejo-esperanza de algún día crucificarlos y hacerlo triza. Por más que esa clase se crea infalible-eterna.

Es un juego-ceguera por partida doble: los que disfrutan del poder y del control de los partidos políticos -al margen de toda refrendación eleccionaria y de controles mínimos (jurídicos-políticos actualizados)-, y del otro lado, los ciudadanos -circunspectos, algunos, o alegres, otros- que disfrutan de un circo-carnaval del que hasta ahora reciben entrada gratis, migajas y una que otras payasadas.

Por supuesto, no es todo fracaso, desencanto o ceguera, también, en “el reino de este mundo”, afloran leves esperanzas, pero ellas, lamentablemente, son como la ceguera en el texto de Saramago, repentinas, atrevidas y hasta maliciosas, si no, oigan lo que un ladrón –en Ensayo sobre la ceguera- le vocifera-reclama a su víctima (el personaje-conductor que, en la novela-relato, se queda ciego repentinamente frente a un semáforo y encuentra a un “samaritano” ladrón): “…sí, fui yo quien te robó el coche, pero tú me has robado a mí la vista de mis ojos, a ver quién de los dos es mas ladrón,..”.

Así va este mundo: en reversa!

Por: Francisco Cruz

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